Marxismo Vivo | Revista Marxismo Vivo N°8
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Revista Marxismo Vivo N°8

Entregamos al lector una revista Marxismo Vivo especial: casi totalmente dedicada a la revolución boliviana de octubre de 2003. A este tema sólo le agregamos un análisis del momento actual de la resistencia iraquí y la segunda parte del artículo de James Letras sobre el gobierno de Lula y las perspectivas de Brasil. La opción de hacerla así se debe a la urgente necesidad de sacar las profundas lecciones de esa revolución y hacérselas llegar a la vanguardia latinoamericana y mundial.

El triunfo de la insurrección de octubre en Bolivia pone la revolución en nuestro subcontinente en un nuevo momento: asume una cara urbana, donde la clase trabajadora, con sus organismos y métodos de lucha vuelve a acaudillar al conjunto de la población pobre en contra del imperialismo y de la burguesía. La burguesía, incapaz de garantizar la independencia nacional, se asocia al imperialismo en la colonización de Bolivia. La revolución social y la liberación nacional se juntan en un mismo torrente revolucionario cuyos protagonistas tienen las manos callosas de los obreros y campesinos pobres.

El octubre boliviano también fue una insurrección obrera clásica: el llamado a una huelga general insurreccional en pocos días dejó el país paralizado y desabastecido. La toma del poder por los trabajadores volvió a estar presente como tarea cotidiana de la clase obrera y de sus organizaciones. Clásica también fue la centralización del combate a partir de la COB que fue el poder alternativo al listado burgués.

Desde el año 2000, en América Latina, todas las revoluciones se enfrentaron con el Estado burgués en su forma actual, que es la democracia burguesa colonial”. Todas las revoluciones derribaron gobiernos democráticos” e incluso en Ecuador tomaron el poder por algunas horas, pero su dirección se lo entregó a los enemigos, confiando en el juego de la democracia”. De esta forma, la institucionalidad burguesa,”democrática”, que fue enfrentada y derrotada por esas insurrecciones, se volvió a imponer.

Hoy, las principales direcciones del movimiento boliviano, el gobierno de Mesa, la embajada yanqui, la OEA, todos sin excepción, apuestan al juego de la democracia” y al llamado a una “Asamblea Constituyente”. La historia de las revoluciones está plagada de derrotas ante la democracia”. Hay decenas de revoluciones victoriosas que enfrentaron contragolpes e invasiones militares extranjeras, pero hay solo una revolución victoriosa contra el régimen democrático burgués: la revolución rusa de octubre de 1917. El secreto de esa victoria residió en la existencia de una dirección revolucionaria que no dudó en destrozar el aparato del Estado burgués con su forma “democrática” y no dudó en sustituirlo por un órgano de poder de los trabajadores y el pueblo, los soviets”.

Pero, los trabajadores del continente y los pobres en general van a aprender, duramente penas, que la maquinaria de la contrarrevolución tiene la cara de la democracia”. Van a aprender que todo Listado es una máquina de represión y que la república burguesa más democrática es una máquina para la represión del proletariado por la burguesía. Incluso, la gente del pueblo empieza a preguntarse: “¿Qué nos ha dado la democracia?” Nada, sino que, al revés, nos quita la tierra, el empleo, la soberanía y la vida para sacrificarnos en el altar del mercado y de la democracia colonial de los ricos.

El octubre boliviano demostró que la revolución socialista no es una utopía. La toma del poder está al alcance de la mano. Las masas insurrectas hicieron todo lo que estaba a su alcance. La Vanguardia revolucionaria en Bolivia y del continente, si avanza en la construcción de una dirección revolucionaria, podrán hacer lo que las masas por si solas nunca podrán conseguir: tomar el poder e iniciar la construcción de un estado de los trabajadores y el pueblo. Cosa que sólo podrán conseguir si actúan en base a la máxima de Karl Marx: “Nuestro terreno no es el terreno del Derecho; es el terreno de la revolución”

 

 


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